viernes, diciembre 04, 2009

Entrevista (II)



  - La extraño porque estoy aburrida, porque tengo pereza, porque el sol no ha salido, porque hace frío. La extraño cuando camino, cuando bebo agua o licor de café, cuando escribo. La extraño porque no sé de qué más escribir que no sea de ella, la extraño porque  fui alguien, más audaz, alguién sobre quien la gente hablaba regularmente. La extraño por el mismo pretexto que usaba para estar con ella. La extraño porque está lejos y la palabra es agradable en mi vocabulario. La extraño para hacer llegar a mí un poco de tristeza, la extraño para hablar de algo con usted. La extraño para salir de este estado de normalidad que no me lleva a nada; la extraño para cantar Moscas en la casa.
Esto de extrañar es una actividad rara. Es sedentaria, improductiva, apremiante. Tengo casi una centena de sus fotos, donde semidesnuda me presumía su colección de tatuajes. He pensado seriamente en tatuarme y seguir su tradición corporal, las perforaciones también son requisitos para parecerme un poco a ella. He pensado seriamente también que mi desviación sexual es más bien admiración y un poco megalomania. Una persona es más interesante si tiene alguna parafilia inexplicable. Aunque la bisexualidad no sea como tal una perversidad, igual llamas la atención en las calles. Y ni hablar de la puta fama que te hechas encima si escribes sobre mujeres que practican culilingulis. Lo de hoy, me he dado cuenta, es tener y escribir relaciones pornográficas, entre más numerosas e instintivas, más plausible será tu arte. Cortázar decía que todo lo que vale la pena escribirse está orientado a la nostalgia, y es cierto, aunque me da la intuición que estamos en la era donde todo lo que vale la pena leerse está orientado hacia el sexo. Ya ves el cine, las noticias, a la música pop le vendría bien un poco de ello si no fuera por la censura, canciones obsenas en la contracultura no hacen falta. La bendita fotografía amateur y profesional, la que se hace en casa a solas, la que se hace en un estudio. A la literatura no le quedó de otra más que fragmentarse: hay escritores que escriben sobre sexo, hay escritores que tratan sobre amor. Ya no sé cuál es más rentable. Personalmente prefiero el primer tópico, será por eso mi mala fama. Será por eso que la extraño.
- No creo que tu teoría sea bien cierta, Cortázar tiene un capítulo de Rayuela explícitamente erótico.
- Imposible de leerse. Sé que es erótico porque alguién me lo platicó, pero vamos, no hay persona que sepa leer eso.
- Debió haberla, alguien debió empezar el rumor.
- O tal vez no, se me hace un truco mediático para atraer a más lectores.
- Ese no cuenta como argumento.
- Me vale. Es la era del sexo.
- Siempre lo ha sido, ahí tienes al Divino Marques.
- El gran precusor, mi gran ejemplo también. Es imposible que alguien tenga las dos habilidades, o se es bueno escribiendo sobre el amor, como Benedetti, o se es bueno escribir sobre el sexo, como el Marqués.
- ¿Nada más?
- No, se me olvidaban los que no son buenos para uno ni para otro.
- Los que deben quedarse callados.
- A los que no se les debe editar. Una vez conocí hace no mucho tiempo, en una feria sobre la salud sexual precisamente, a una escritora de la cual yo estaba bien segura que cogía y narraba con la televisión prendida, viendo la Academía o alguna de esas porquerías.
- ¿Tan mala era?
- Al menos para la narrativa pornográfica. Puro voto de simpatía. Una editorial le publicó su hilarante colección de cuentos y yo, le compré unos cuantos que vendía sueltos. Pobre mujer. Y ella que se sentía la hija de Sade. 
- ¿Y para coger?
- A mí que carajos me preguntas, me considero amoral pero mira que irme a los baños públicos con ésa, va bastante más allá del bien y del mal.
- ¿Qué fue de ella?
- Envejeció, dejó de tener sexo y ahora escribe cuentos para niños; yo qué sé.

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miércoles, noviembre 25, 2009

Entrevista (I)




"Viernes por la tarde cansada de una semana sedentaria. Es posible. Aunque ni tan sedentaria ni tan productiva, harta de la carrera mal elegida, asqueada de la sombra redonda que proyecto sobre el pavimento. Hambrienta.
En la abstinencia del cigarro llevaba como cuatro días sin fumar y en etapa de ejercicio intenso, a ver si así aumentaban los años que podría vivir si es que un accidente no se topaba nuevamente con mi imprudencia crónica.
Bien. El caso es que comíamos ensalada o algún producto casero con IVA, yo, y mi inseparable amigo homosexual, cerca de la fuente y del otoño. Las hojas caían y es todo lo que puedo decir aunque haya sido bello y no sexual mirar la plenitud con que descendían. Me estoy poniendo insoportablemente poética.  
        - ¿Cómo ves a ese chiquitote? - decía a intervalos mi homosexual, casi gritando y con la boca medio llena de  comida si es que pasaba delante nuestro un galán.        
- Sí, está bueno - contestaba yo, evaluando el rostro, el cabello, la facha, el culo y algún matiz intelectual que le resaltara - ¿tú cómo ves a ese?


 Pus, no es parte del selecto bufete que me permito ingerir - replica con admirable desdén provocando la mejor de mis carcajadas en la semana.
"Comíamos fresas invernales mirando bajar las hojas doradas del país que dejó de ser octubre. Como ancianos en una banca, sólo nos faltaron las palomas y el alpiste. Eso que el gremio bohemio llama vida se tragaba a sí misma sin lastimarnos, sin darnos cuentas de su pasarela.
Viernes, el quincuagésimo de los últimos meses del año, tan tranquilo y atolondrado que daba pena mirar, en el reflejo que me devolvía la fuente, un rostro plácido. Claro que todo eso no se siente de golpe. Uno mientras vive el instante cree que es feliz. Luego viene el volver en el recuerdo (mas éste un tipo de recuerdo saludable)  para notar con prudente sobresalto lo aristocrático de nuestros días.
"Cosas por el estilo pensaba cuando al levantar la barbilla buscando algún llamativo de la naturaleza masculina, le vi, clara y vivaraz acudir en mi auxilio. Con su dentadura de geométricas cuentas me exponía su devoción por noviembre mientras sonriendo, oraba entusiasta a su séquito los criterios que una estudiante sabe tener del tercer mundo. En flor de loto, sus muñecas se entretenían con pedazos de un material cercano a ella, de indumentaria independiente, cubría lo pequeño de sus senos con sudadera de cromática negra.
"No es que pensara directamente en su cuerpo al golpe de la primera mirada, no es que sólo hasta ahora  definiera la tersa piel blanca al imaginarla, no es que de improvisto despertase en mí el carácter físico de una ambisexualidad hasta hoy más bien recatada, era, su inconsciente manera de llamar desde varios metros mi atención con prácticamente nada. Era ella. Sola y básicamente ella viviendo sin reclamar admiradores; sola y básicamente ella sonriendo en un viernes cercano a la fuente, al otoño y a mí.
- ¿Y esa? - 
"Estudiante de psicología de algún semestre intermediario a los primer ingreso y  a los rezagados que discuten la gramática de su tesis con un sinodal, se llamaba Daniela. Era el fenotipo tercermundista de Ellen Page interpretando a Hayley (la niña de los cojones) en Hard Candy: piel blanca, cabello negro y pegado al craneo con un corte más bien masculino, complexión, estatura, quizá coeficiente, y hasta la misma dentadura, puntualizó mi amigo. De una comunidad estudiantil mayoritariamente femenina su bisexualidad me pareció viable. Después de almorzar salimos directo al transporte, en las siguientes semanas no la volví a ver."



- ¿Y luego? ¿Ahí terminó la historia? - 
- No y sí. Terminaron los viernes aristocráticos. Empezaron las faltas a clase, a las comidas familiares en los fines de semana, a la moral. Pongamos que volvió todo a comenzar. -
- ¿Cómo así?
- Las costumbres esas de joderse el cuerpo y dejar que la otro se lo joda. -
- ¿Literalmente? -
- Hubo ocasiones en que sí.


"Con innata regularidad comenzamos con faltar a las últimas clases. Éramos dos pretextos vagoneando en el subterráneo de la ciudad. De extremo a extremo en cualquier línea del metro, compartiendo  en el trayecto planes irrealizables de comunas o viajes sin vuelta. París y su subterráneo eran nuestros destinos favoritos donde a veces nos divisábamos con incomprensible orgullo sobre sus escaleras, drogadas o vagabundas quizá, pero muy juntas. 
"La familia era tema a discutir en noches de puro vino. Remordimientos y cariños nos nacían en aquéllos estados etílicos. Es que mi mamá... me decía ella, contándome los malabares que había  hecho para educar a los hijos. Es que mi papá... decía yo, y la historia bien detrás de su cara de sesenta años  se quedaba en el silencio después del comentario. Tocaba tomar después  de los vasos de unicel que comprábamos cuando eran días de beber. 
"Ni hablar de las tardes en el centro de la ciudad. Las credenciales de falsas estudiantes nos hacían descuentos en los museos de alrededor. Siempre me gustaron más las exposiciones en salas donde los sanitarios eran higiénicos; la culpa parecía anularse si nos abríamos a la cultura.  
"Ni hablar de las cantinas donde por sólo no sé qué suertes salíamos enteras y casi sobrias. 
"Ni hablar, ni hablar, ni hablar."


- No es que me interese más pero, ¿qué pasó con las jodidas?
- Ni hablar.
- ¿Muy buenas?
- Muy tristes más bien.


" Era noviembre nuevamente. La relación se volvió más estrecha, pero no por eso más fiel, a un año de conocernos entre las hojas doradas de la antesala al invierno. Seguíamos siendo los pretextos perfectos para deponer el deber filial y civil; cada una traía ya el alma cansada cuando comenzamos a asistir a los conciertos gratis de la capital. De azotea en azotea hablamos mucho de nunca olvidarnos,  ya que aquel tema asechante de dejar de frecuentarnos era una posibilidad lejana pero viable. Tù sabes. La vida, los hombres, la muerte, los accidentes que cada una pudiera sufrir cuando no estábamos cerca. La probabilidad más alta de sobredosis y muerte severa por consumo indisciplinado de alcohol   la tenía ella. Siempre más audaz y más bonita. Nunca tuve la oportunidad de hacerle ver lo conveniente que es tenerme a un lado en situaciones de dolor, nunca quiso necesitarme."

¿Tú la necesitabas? -
- Hasta la fecha. Siempre son prescindibles los pretextos para mandarlo todo al diablo. -
- Pretextos. ¿Nunca llegaron a más? -
- Nunca. -
- ¿Y si ella regresara? -
- Volvería a ser un pretexto. -
- El chiste es no responder, el chiste es huir entonces. -
- Hasta la fecha. -
- ¿Por qué se fue?
- Mejor pregúntame por qué no se quedó...

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