Entrevista (II)
- La extraño porque estoy aburrida, porque tengo pereza, porque el sol no ha salido, porque hace frío. La extraño cuando camino, cuando bebo agua o licor de café, cuando escribo. La extraño porque no sé de qué más escribir que no sea de ella, la extraño porque fui alguien, más audaz, alguién sobre quien la gente hablaba regularmente. La extraño por el mismo pretexto que usaba para estar con ella. La extraño porque está lejos y la palabra es agradable en mi vocabulario. La extraño para hacer llegar a mí un poco de tristeza, la extraño para hablar de algo con usted. La extraño para salir de este estado de normalidad que no me lleva a nada; la extraño para cantar Moscas en la casa.
Esto de extrañar es una actividad rara. Es sedentaria, improductiva, apremiante. Tengo casi una centena de sus fotos, donde semidesnuda me presumía su colección de tatuajes. He pensado seriamente en tatuarme y seguir su tradición corporal, las perforaciones también son requisitos para parecerme un poco a ella. He pensado seriamente también que mi desviación sexual es más bien admiración y un poco megalomania. Una persona es más interesante si tiene alguna parafilia inexplicable. Aunque la bisexualidad no sea como tal una perversidad, igual llamas la atención en las calles. Y ni hablar de la puta fama que te hechas encima si escribes sobre mujeres que practican culilingulis. Lo de hoy, me he dado cuenta, es tener y escribir relaciones pornográficas, entre más numerosas e instintivas, más plausible será tu arte. Cortázar decía que todo lo que vale la pena escribirse está orientado a la nostalgia, y es cierto, aunque me da la intuición que estamos en la era donde todo lo que vale la pena leerse está orientado hacia el sexo. Ya ves el cine, las noticias, a la música pop le vendría bien un poco de ello si no fuera por la censura, canciones obsenas en la contracultura no hacen falta. La bendita fotografía amateur y profesional, la que se hace en casa a solas, la que se hace en un estudio. A la literatura no le quedó de otra más que fragmentarse: hay escritores que escriben sobre sexo, hay escritores que tratan sobre amor. Ya no sé cuál es más rentable. Personalmente prefiero el primer tópico, será por eso mi mala fama. Será por eso que la extraño.
- No creo que tu teoría sea bien cierta, Cortázar tiene un capítulo de Rayuela explícitamente erótico.
- Imposible de leerse. Sé que es erótico porque alguién me lo platicó, pero vamos, no hay persona que sepa leer eso.
- Debió haberla, alguien debió empezar el rumor.
- O tal vez no, se me hace un truco mediático para atraer a más lectores.
- Ese no cuenta como argumento.
- Me vale. Es la era del sexo.
- Siempre lo ha sido, ahí tienes al Divino Marques.
- El gran precusor, mi gran ejemplo también. Es imposible que alguien tenga las dos habilidades, o se es bueno escribiendo sobre el amor, como Benedetti, o se es bueno escribir sobre el sexo, como el Marqués.
- ¿Nada más?
- No, se me olvidaban los que no son buenos para uno ni para otro.
- Los que deben quedarse callados.
- A los que no se les debe editar. Una vez conocí hace no mucho tiempo, en una feria sobre la salud sexual precisamente, a una escritora de la cual yo estaba bien segura que cogía y narraba con la televisión prendida, viendo la Academía o alguna de esas porquerías.
- ¿Tan mala era?
- Al menos para la narrativa pornográfica. Puro voto de simpatía. Una editorial le publicó su hilarante colección de cuentos y yo, le compré unos cuantos que vendía sueltos. Pobre mujer. Y ella que se sentía la hija de Sade.
- ¿Y para coger?
- A mí que carajos me preguntas, me considero amoral pero mira que irme a los baños públicos con ésa, va bastante más allá del bien y del mal.
- ¿Qué fue de ella?- Envejeció, dejó de tener sexo y ahora escribe cuentos para niños; yo qué sé.
Etiquetas: Cuentos mixtos, entrevista, reflexiones, sexo




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