viernes, septiembre 04, 2009

¿Vacio?



Madre, ¿puedes apagar la televisión un momento? Verás... necesito silencio, o el silencio más callado que la ciudad me pueda dar. Necestio sólo el motor de los autos, a los neumáticos cruzar la calle con el ruido de un charco rompiéndose debajo de ellos. El sonido arrítmico de las gotas en el cristal o de los dedos tartamudear frases en el teclado. O el autobus, que es el ruido más pesado de una ciudad. Ya que no hay música, prefiero silencio. Sea dicho de paso, lo más cercano al silencio. El silencio que se produce en la sala cuando el radio o el televisor dejan de funcionar.
Bien, ya lo tengo.
Madre, ¿puedes ir a tu recámara a descansar? Pero sin prender tu televisión de pocas pulgadas. Verás, necesito estar sola. Sé que deseas que alguién te escuche, alguien que te pregunte cómo estuvo la fiesta, cómo está la oficina, cómo está la vejez que se come a una juventud mal aprovechada. Cómo va la vejez escalonda en tu vida, cómo va la muerte más probable, aunque la muerte sea la probabilidad más alta en la vida. Sé que necesitas lo contrario a lo mío. Sé que el ruido satelital ha terminado por convencerte de su ubicuidad, sé que la compañía y una charla de café sobre el perro del vecino es tu más alta dicha. Si vives para cuando alcanze tu edad, seré ese tipo de compañía, madre.
Una pregunta, tras otra, tras otra, tras otra. Lo dificil no me parece que sea la vida, sino la cuestión. Ese trabajo mental que comienza con una sospecha, termina con la insatisfacción, dado que nunca hay una respuesta para el tipo de actitud existencial. Será que por ello la gente busca la exactitud o la distracción. En la ciencia o en los trabajos mediocres. En el arte algo se busca. Algún vacío, entendiendo ahora el vacío como la ausencia de cardinalidad de elementos. No hay. ¿No hay qué en el alma de un hombre? ¿Necesita haber algo?

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