martes, mayo 19, 2009

Nombre o dirección.



Alguien debe tomar registro de tu muerte
que no sea el tanatólogo
o el secretario dipsuesto por su sueldo a capturar los datos de tu desenso.
Alguien como un poeta que aun no existe
alguien como un escritor escondido en una recámara lejana del Uruguay
alguien como un relator del mundo que todavía no nace para tal
Como espíritu o esencia parecida estarás
presenciado el teclear de la máquina que oficia tu muerte
desde un ricón de la sala burócrata
con sólo ahora la memoria por capturista
resumiendo con poesía la ironía del acontecimiento
tu voz aguarrentosa, vieja, está
en medio de los presentes
relatando sin prisa y sin falla gramatical
cómo se toma nota del fallecimiento de un hombre a quien bien la sociedad llamó poeta
Empezarás tu última etopeya con la historia de cada personaje
ahí está el cansado hombre que mecanografea tus datos más impersonales
como nombre y dirección
dos o tres de tus cercanos más valientes
dictarán de memoria tus datos más impersonales como nombre y dirección
Pero no son los únicos que certifican tu defunsión
al unísono teclear de esa misma máquina
centenas de secretarios de latinoamérica
están tomando nota desde sus cabezas
datos más personales que tu nombre, que tu dirección
Para éstos no hay formas dónde firmar
para éstos no hay honorarios ni límite de hoja
éstos no dirán a los familiares: sería todo
para éstos las palabras registradas no tendrán validez oficial.

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