Entrevista (I)
"Viernes por la tarde cansada de una semana sedentaria. Es posible. Aunque ni tan sedentaria ni tan productiva, harta de la carrera mal elegida, asqueada de la sombra redonda que proyecto sobre el pavimento. Hambrienta.
En la abstinencia del cigarro llevaba como cuatro días sin fumar y en etapa de ejercicio intenso, a ver si así aumentaban los años que podría vivir si es que un accidente no se topaba nuevamente con mi imprudencia crónica.
Bien. El caso es que comíamos ensalada o algún producto casero con IVA, yo, y mi inseparable amigo homosexual, cerca de la fuente y del otoño. Las hojas caían y es todo lo que puedo decir aunque haya sido bello y no sexual mirar la plenitud con que descendían. Me estoy poniendo insoportablemente poética.
- ¿Cómo ves a ese chiquitote? - decía a intervalos mi homosexual, casi gritando y con la boca medio llena de comida si es que pasaba delante nuestro un galán.
- Sí, está bueno - contestaba yo, evaluando el rostro, el cabello, la facha, el culo y algún matiz intelectual que le resaltara - ¿tú cómo ves a ese?
- Pus, no es parte del selecto bufete que me permito ingerir - replica con admirable desdén provocando la mejor de mis carcajadas en la semana.
"Comíamos fresas invernales mirando bajar las hojas doradas del país que dejó de ser octubre. Como ancianos en una banca, sólo nos faltaron las palomas y el alpiste. Eso que el gremio bohemio llama vida se tragaba a sí misma sin lastimarnos, sin darnos cuentas de su pasarela.
Viernes, el quincuagésimo de los últimos meses del año, tan tranquilo y atolondrado que daba pena mirar, en el reflejo que me devolvía la fuente, un rostro plácido. Claro que todo eso no se siente de golpe. Uno mientras vive el instante cree que es feliz. Luego viene el volver en el recuerdo (mas éste un tipo de recuerdo saludable) para notar con prudente sobresalto lo aristocrático de nuestros días.
"Cosas por el estilo pensaba cuando al levantar la barbilla buscando algún llamativo de la naturaleza masculina, le vi, clara y vivaraz acudir en mi auxilio. Con su dentadura de geométricas cuentas me exponía su devoción por noviembre mientras sonriendo, oraba entusiasta a su séquito los criterios que una estudiante sabe tener del tercer mundo. En flor de loto, sus muñecas se entretenían con pedazos de un material cercano a ella, de indumentaria independiente, cubría lo pequeño de sus senos con sudadera de cromática negra.
"No es que pensara directamente en su cuerpo al golpe de la primera mirada, no es que sólo hasta ahora definiera la tersa piel blanca al imaginarla, no es que de improvisto despertase en mí el carácter físico de una ambisexualidad hasta hoy más bien recatada, era, su inconsciente manera de llamar desde varios metros mi atención con prácticamente nada. Era ella. Sola y básicamente ella viviendo sin reclamar admiradores; sola y básicamente ella sonriendo en un viernes cercano a la fuente, al otoño y a mí.
- ¿Y esa? -
"Estudiante de psicología de algún semestre intermediario a los primer ingreso y a los rezagados que discuten la gramática de su tesis con un sinodal, se llamaba Daniela. Era el fenotipo tercermundista de Ellen Page interpretando a Hayley (la niña de los cojones) en Hard Candy: piel blanca, cabello negro y pegado al craneo con un corte más bien masculino, complexión, estatura, quizá coeficiente, y hasta la misma dentadura, puntualizó mi amigo. De una comunidad estudiantil mayoritariamente femenina su bisexualidad me pareció viable. Después de almorzar salimos directo al transporte, en las siguientes semanas no la volví a ver."
- ¿Y luego? ¿Ahí terminó la historia? -
- No y sí. Terminaron los viernes aristocráticos. Empezaron las faltas a clase, a las comidas familiares en los fines de semana, a la moral. Pongamos que volvió todo a comenzar. -
- ¿Cómo así?
- Las costumbres esas de joderse el cuerpo y dejar que la otro se lo joda. -
- ¿Literalmente? -
- Hubo ocasiones en que sí.
"Con innata regularidad comenzamos con faltar a las últimas clases. Éramos dos pretextos vagoneando en el subterráneo de la ciudad. De extremo a extremo en cualquier línea del metro, compartiendo en el trayecto planes irrealizables de comunas o viajes sin vuelta. París y su subterráneo eran nuestros destinos favoritos donde a veces nos divisábamos con incomprensible orgullo sobre sus escaleras, drogadas o vagabundas quizá, pero muy juntas.
"La familia era tema a discutir en noches de puro vino. Remordimientos y cariños nos nacían en aquéllos estados etílicos. Es que mi mamá... me decía ella, contándome los malabares que había hecho para educar a los hijos. Es que mi papá... decía yo, y la historia bien detrás de su cara de sesenta años se quedaba en el silencio después del comentario. Tocaba tomar después de los vasos de unicel que comprábamos cuando eran días de beber.
"Ni hablar de las tardes en el centro de la ciudad. Las credenciales de falsas estudiantes nos hacían descuentos en los museos de alrededor. Siempre me gustaron más las exposiciones en salas donde los sanitarios eran higiénicos; la culpa parecía anularse si nos abríamos a la cultura.
"Ni hablar de las cantinas donde por sólo no sé qué suertes salíamos enteras y casi sobrias.
"Ni hablar, ni hablar, ni hablar."
- No es que me interese más pero, ¿qué pasó con las jodidas?
- Ni hablar.
- ¿Muy buenas?
- Muy tristes más bien.
" Era noviembre nuevamente. La relación se volvió más estrecha, pero no por eso más fiel, a un año de conocernos entre las hojas doradas de la antesala al invierno. Seguíamos siendo los pretextos perfectos para deponer el deber filial y civil; cada una traía ya el alma cansada cuando comenzamos a asistir a los conciertos gratis de la capital. De azotea en azotea hablamos mucho de nunca olvidarnos, ya que aquel tema asechante de dejar de frecuentarnos era una posibilidad lejana pero viable. Tù sabes. La vida, los hombres, la muerte, los accidentes que cada una pudiera sufrir cuando no estábamos cerca. La probabilidad más alta de sobredosis y muerte severa por consumo indisciplinado de alcohol la tenía ella. Siempre más audaz y más bonita. Nunca tuve la oportunidad de hacerle ver lo conveniente que es tenerme a un lado en situaciones de dolor, nunca quiso necesitarme."
- ¿Tú la necesitabas? -
- Hasta la fecha. Siempre son prescindibles los pretextos para mandarlo todo al diablo. -
- Pretextos. ¿Nunca llegaron a más? -
- Nunca. -
- ¿Y si ella regresara? -
- Volvería a ser un pretexto. -
- El chiste es no responder, el chiste es huir entonces. -
- Hasta la fecha. -
- ¿Por qué se fue?
- Mejor pregúntame por qué no se quedó...
Etiquetas: Cuentos mixtos, entrevista, Jhazmin



1 Comentarios:
Ay... mujeres... la causa de todas mis tristezas.
Apuesto lo que quieras a que es más fàcil hacer volve a la tuya que hacer venir a la mía u__u
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