Saca una botella.
Los ojos terriblemente secos cuando ayer estaban copiosamente empapados, por la mente no cruza palabra alguna que desee participar en un poema al presente domingo 15 de noviembre. La tarde parece mañana, la televisión ofrece sus conversaciones inagotables mostrándonos en los comerciales la alegría a la que deseamos llegar. ¿dónde está esa gente feliz? ¿cómo uno puede llegar hasta ella? El cancionero de Silvio está poético y revolucionario, desde el fondo de la mente débil una petición de pertenencia sube a mi voz. Busco un medio que me lleve hasta las hazañas del Playa Girón. El reproductor sigue hablando desde la mañana, hoy dormí plácidamente hasta las 12 con la puerta bien cerrada y el seguro del picaporte vigilando que nadie entrara. La conciencia dejó sus funciones muy temprano o muy tarde para devolverme mediante el sueño a la realidad. La gata Varela canta su repertorio de arrabal desde las bocinas, fuertemente y reclamando a ese tercero que regrese o se vaya sin volver. Pink Floyd inagura el medio día con su depresión, desde la sala un ser inerte y lujurioso se ensombrece en sus mareos personificando la letra de la canción, plácidamente paralizado. Sólo por molestar la música va subiendo de decibeles, mi recámara está llena de peticiones al presente que se enajena con alcohol. Yo doblo mi ropa, acomodo por orden de abecedario los libros que escribieron mis héroes literarios, los volúmenes que contienen en resumen y de manera pedagógica los tratados matemáticos desde la prehistoria. Exagero, en realidad todo empezó con los babilonios. La terna por antonomasia de la generacion beat en el librero. Un único tomo de Cortázar. Dos reflexiones políticas de Maquiavelo y una de Rosseau. Los compilados literarios que un maestro me regalara hace poco, ¿Hay manera de hacer esto más lacónico?
Yo no quería llegar a esto pero me has obligado. Joaquin Sabina sustituye a Malena con un tema que te entalla bien: Tan joven y tan viejo una conciencia en la sala se arrepiente, escucha, se lastima, tiene hambre, tiene ganas desauciadas de venir hasta mi cama y decir: Hey camarada, saca una botella.
¿Hay manera de hacer esto más deprimente? Claro que la música ayuda y ese instinto de colocar las cosas en su respectivo lugar. Ni triste ni desesperanzada me voy sintiendo orgullosa de las palabras que voy tecleando. Es en serio, no es majaderiía ni llamada de atención: el rudio que mi dedo hace al golpear en todo el teclado es catalizador. ¿Es un gran llamado de atención la literatura? ¿Es un volcadero de lágrimas innecesarias y secas? ¿Es buzón de quejas y sugerencias?
Atrincherada en mi casa esta vida es endeble.
Hey camarada, he dejado de sentir los dedos y los ojos, no siento la mente, no tengo respuesta del corazón. Me ha entrado el delirium tremens, en la bolsa de mi pantalón sólo hay trece monedas, la cartera está vacía de billetes y repleta de los amuletos de un proletario. Salgo a caminar hambriento pero no por comida ando; en el jardín mis hermanos de condición se emborrachan sin redención mas me ignoran. La familia se distrae con el box que vende TV Azteca. Yo, sin dinero con que alimentar este incógnito impulso, miro la constelación que la bóveda celeste me ha traído. Soy el obrero más curioso. En noches como esta mi urgencia de dolor se voltea a menear el pasado. He pulsado ya todos lo puntos dolosos que recuerdo, pero no hay respuesta . Sola, la constante inclinación hacia el error me menea como viejo lobo de mar por los conocidos barrios. Me he pasado veinte años de vida estudiando la mente pero no sé nada de mí. Oficialemte excentrado, sin saber qué hacer con los pies, las manos, los dedos. Sin saber qué hacer con la boca ni con los genitales. Oficialmente excentrado, sólo sé beber. Saca una botella le pido a los traseúntes. Saca una botella le pido a la familia. Saca una botella me exigo. Es fin de semana largo y lo único que lamento es que los bancos estén cerrados. ¿Mi pretexto? Es que mi perro se ha ido.
Casi las cinco de la tarde, la tristeza dejo de ser tristeza. Hay algo en mi vientre que me avisa que tengo hambre. Los labios están secos y en el messenger nadie en calidad de receptor se conecta. No quiero más opción que la de seguir perpetuando el ruido de las teclas y los dedos. Quisiera salir a reír con el pintor de las mujeres soles. Escuchar su terrible barbaridad de adolescente. Mi casa está sellada. Es domingo y las ganas de bañarme nunca alcanzan cada semana para cubrir este día. Los olores corporales no me avergüenzan. Los libros que pedí indecorosamente prestados a la biblioteca no me interesan. Tengo escondido en la cartera un malboro que no puede ser fumado. Mi frigorífico está descompuesto y dentro la comida se ha puesto hedionda. La música y la exhaustiva descripción de mi alrededor me han exprimido el deseo de ser víctima o victimario. Sólo tengo el impulso de que este texto se siga expandiendo sin ilación. Que siga creciendo. Mejor eso que robar, dijo Víctor Hugo.
Etiquetas: Etopeyas

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1 Comentarios:
oh la la, hacía que no me pasaba y tengo muchos textos por leer :)
besito
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