Ô Satan, prends pitié de ma longue misère! (I)
Tengo una nueva forma de evadir mis impuestos fiscales. Es cierto, no tengo ni una jodida idea de qué sea eso que los adultos pagan por mi existencia. Llamemos impuestos fiscales entonces a mis deberes de estudiante de veinte años. Se dicen pocos pero en realidad son muchos para mí. Lo pienso de esta manera: dos décadas. Hay gente allá afuera que con sólo un lustro de años muestra tremendas habilidades para todo: música, matemáticas, deportes, literatura, pintura, cocina, contrabando. Tengo que presumir que cuando tenía seis o siete años le escribí una carta a dios que provocó que la directora quisiera escucharla de mi voz. Me regalaron un dulce a cambio, el cual, ocasionó la primera ruptura entre la muchachita delgadita de nombre Elizabeth que sería mi amiga los cinco años restantes que duró mi estadía en esa primaría devota a Jesús, y yo. Debió ser eso que los cristianos llaman envidia, el punto es que Elizabeth me dejó de hablar por causa del padre todopoderoso. Tiré el dulce y volvimos a ser amigas para continuar peleándonos rutinariamente hasta mi último día en esa institución. Pude continuar mi carrera de católica que no asiste a la iglesia ni ama a dios por sobre todas la cosas pero la escuela estaba mal ubicada, mis compañeros eran ratas egoístas y sin vocación de humanistas que podían recitar el credo en italiano y en español; de padres que trabajan en oficinas y cumplen con las colegiaturas puntualmente, me falta decir que sabían persignarse. No era lo mío ni lo de mis congéneres pagar para que un párroco perdone mis pecados una vez al mes. Bien, tendré que reconocerlo. No era lo de nuestro presupuesto seguir costeando la existencia de las monjitas que te sacaban el dinero cada que podían con sus quermeses y sus donativos a la capilla. ¿Pero por qué empecé a escribir sobre mi primaria? Es que tenía una construcción interesante, por todos lados había pasadizos secretos que alimentaban la morbosidad de sus alumnos. Todavía tengo sueños sobre ella por no sé qué razón de mi inconsciente, cualquiera diría que estoy resentida con las maestras normalistas que tenían problemas en sus matrimonios. Me hace cantar ahora Another brick in the wall.
He venido pensando ha tiempo corto atrás que son las personas que la televisión mundial te presume la razón de que uno se sienta inútil. Esos que lo logran todo en poco tiempo, esos que nacieron con bonitas habilidades, esos a los que todo se les acomoda a favor. Darwin y mi camarada Alejandro se cagarían si me oyeran decir ésto, pero es, que a veces uno se siente acosado por las figuras públicas que la historia y Biography Channel te relatan: gimnastas, actores, cantores y esos putos rusos que saben hacerlo todo bien. La cagaron en el socialismo es cierto, pero no fue culpa suya, el socialismo, ya sea con Trotsky o Stalin, estaba bien predispuesto a volverse dictadura. Mi actitud es determinismo barato, no hace falta que me lo comenten, bien lo sé mientras escribo ésto, pero mi humana condición es sentirse a veces inferior por las causalidades que pare el mundo.
Que todo se logra con trabajo y algo de fe, no me lo vayas a repetir poque te escupo. Lo sé. Los medios masivos están paradojicamente llenos de mensajes de violencia, mentira política, propaganda inservible y autoayuda. Un error en la matrix. O será parte de la Conspiración hacernos creer que con sólo desear y trabajar un brasileño de las fabelas puede llegar a ser un ciudadano higiénico de Beverly Hills. Pienso en 1984 ahora. Tengo amigos que me lo niegan pero soy de las paranoicas que opinan: vas que vuelas para allá, sociedad.
Al cine le encanta hacer el remake de historias de fama, es decir, tal jovencito quiere triunfar en la música. Y ahí los tienes, cientos de films que cuentan la vida de artistas ficticios o reales que luchan por sus sueños. Vaya frase más molesta: luchar por tus sueños. Le hace pensar a uno en sus propios deseos y si de verdad uno está, tal cual, como los protagonistas, luchando por conseguirlos. Luchando. En toda la extensión de la palabra. Partiéndote la madre en las audiciones, soportando burlas y decepciones. En el mejor de los casos tu vida puede ser como la de Julia Roberts en 28 días: una que otra dificultad pero el final es sanamente aprobado por dios. Te puede ir un poco mal, pero aun dentro de lo aceptable, y convertirte en un Modigliani que, bien es cierto, el tipo muere a causa de su adicción, pero el tipo tiene hoy en día una película en su honor. Aunque hay que aceptarlo, uno tiene la posibilidad de ser un triste personaje en Requiem for a dream: terminar sin un brazo, en la cárcel, en el psiquiátrico o en un departamento de caballeros aristocráticos, todos mirando cómo entran y salen los juguetes sexuales de tu ano. Son el tipo de cosas que duelen escribirse y mirarse un fin de semana en el reproductor de video. El tipo de cosas que uno teme para sí mismo y para su descendencia, el tipo de cosas que a veces uno ve en sus casas un domingo en la madrugada, el tipo de cosas que le provocan a uno la desgracia. Hay que acostumbrarse a ellos y mirar el futuro con un toque didáctico de fatalismo. Diría Jodorowsky: No hay que sentirse superhombres. La pena, el fracaso y sobre todo la bien sabida muerte están volando fuera de nuestros parabrisas esperando turno en la sala de estar donde todo el sufrimiento ajeno que uno ve en Mujer, casos de la vida real hace fila impaciente para asaltar a estos hombres, que, aun con tanta civilización y enciclopedias, no hemos dejados de ser curiosos aldeanos asentados bajo las faldas de un volcán activo.
Oh satán, ten piedad de mi larga miseria, Baudelaire.
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Etiquetas: Etopeyas, prosa autómata, reflexiones, ten piedad de mi larga miseria



2 Comentarios:
El infierno son los demás Romina? No sólo Sartre lo dice. Mi amigo Carlos dice que hay que estar solo para ser feliz. La compañía es complicada porque siempre lleva a la comparación.
Sí, a veces la comapración es una lata. Pero uno poco puede hacer ante eso. Es de humanos equivocarse y sentirse miserables a lado de otro. ¿el infierno son los demás? No, no sé... no recuerdo por qué escribí esto... uno de esos días que te cagan porque todos a tu alrededor son más responsables y vos sos una piltrafa que no quiere ver...
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